miércoles, 25 de febrero de 2015

Crápula.

Me gustaría que brindáramos hoy por los domingos
que se han vuelto universales,
causados por sábados de borrachera y malas compañías en los peores bares.
Quiero que mueras y revivas
 cada noche
 por mis andares
de esos que hacen volver la vista a cualquier alma perdida,
errante de esta ciudad plagada de callejones sin salida.

Recuerda cuando llorábamos porque nos rompían
y danzaban sobre los trocitos de lo que quedó
pero pese a ello
seguimos saliendo cada noche a vendernos al mejor postor
e intentábamos engañarlos, (o engañarnos)
diciendo que nunca funcionamos bien en eso del amor.
¡Qué curiosa la vida!
Nuestras copas cada vez están menos llenas
y nuestras almas más vacías.
Y antes de decidirte a olvidarme trata de recordar
que no solo eran las mías,
esas ganas locas que tenías
de comerme a bocados en cualquier sucio portal de Gran Vía.
Venga, no te vayas, que vamos a brindar por esas crápulas
de excesos de versos, métrica y poesía.
O no, mejor, brindemos por esas noches en las que me moría
cuando tu sonrisa se pronunciaba,
me envolvía
y decía:
"Yo soy tuyo, y tú eres mía."

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