domingo, 16 de noviembre de 2014

Si decido quedarme.

A veces, cuándo nos damos cuenta de lo lejos que hemos llegado, solemos asustarnos.
Le damos al play a una balada triste que nos inunda por dentro y frenamos. Tememos seguir avanzando, el precipicio está demasiado cerca y nuestros pasos ya no son firmes.
Está bien tener miedo. El miedo significa que tememos perder algo que tuvimos, algo que realmente disfrutamos. Eso que esta en lo más hondo de nosotros.
El miedo no es fácil de llevar y más cuando estamos paralizados por el.
Solo necesitamos un empujoncito, que alguien nos pida por favor que nos quedemos, porque a veces la única razón por la que hemos emprendido nuestro viaje es porque nadie nos dijo "Quédate. Te necesito."
Quizás sea una locura pensar en que alguien tenga el poder de atarnos a un lugar y a unas emociones tan concretas, pero es así.
Cuando vivimos las cosas tan intensamente que no podemos dejar de repetirlas en nuestra cabeza, con el compás de aquello que nos hizo felices un día. La forma en que el sol brillaba al son de nuestras risas.
Ojalá pudiera volver allí, a las mañanas en las que no había más alegría que la de verte cantar tus canciones mientras simulabas tocar una bateria imaginaria. Y yo estaba allí, enfrente, mirándote, maravillandome de lo absurdo que era todo. De lo mucho que necesitaba almacenar esa imagen tuya en mi mente, por si llegaban días como hoy. Días que siempre supe que llegarían, en los que tu ya no estabas aquí iluminando toda la habitación.
Gracias por hacer que eligiera bien, por no permitirme caer al precipicio y cogerme en brazos porque mis pies no quería seguir avazando.
Te agradezco que no te fueras y me permitieras a mi elegir, aunque eligiera mal.
Te agradeceré siempre que llenaras mis días y que me permitieras quedarme conmigo misma.



Tu me entiendes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario